reconoce sus orígenes

Banksy

No pues, las cosas como son, andamos siempre criticando a los demás y en el cara a cara el silencio abunda, la cortesía embrutece y el "yo no sé" triunfa.

Publicado: 2016-09-19

"Dicen que decir la verdad es como la poesía y a la mayoría de gente no le gusta la poesía".

Es increíble la capacidad que tenemos los peruanos para quedarnos callados por temor, precaución, desconfianza o mera costumbre frente a las verdades. Claro, muchos dirán que sí les gusta la verdad acompañada de “tino”. Otros responderán al mejor estilo de Juan Gabriel: "lo que se ve no se pregunta".

Estamos de acuerdo, si vemos a alguien con una incapacidad no hay necesidad de decirle que la tiene. Pero qué sucede cuando nuestra sociedad se ha infestado de términos medios, de verdades obvias pero que nadie quiere mencionar, de silencios perturbadores frente a actos de corrupción, impunidad y todo tipo de hipocresías que nos vuelven acomedidos, inconsecuentes con nuestros ideales y por qué no, deshonestos del tintero.

Sin ir muy lejos, esta semana murió un actor memorable, que llenó durante años un país entero de sonrisas, que poseía un espíritu que llenaba a las nuevas generaciones de inspiración y admiración. Muchos inundaron las redes y medios con manifestaciones y escritos de dolor y gran conmoción por esta gran perdida y no es de sorprender la tristeza y el cariño que la gente pudo sentir para con Ricky Tosso, pero lo que sí extraña es el giro de 180 grados de varios que han olvidado su discurso de antaño con el cual hirieron en su momento a nuestro maravilloso actor.

¿O acaso los que recordamos las hilarantes puestas en escena teatral televisada "Teatro desde el teatro" hemos olvidado la cantidad de críticas "intelectuales" que le llovieron con alegatos como "eso no es teatro" ,"eso es un bodrio", "que malas actuaciones" ,"¿qué le ha hecho Ricky Tosso al teatro nacional?".

Así, vimos a actores de diversas edades y fama dando con palo y despotricando contra una propuesta innovadora que le dio al público, desconocedor muchas veces de este arte, la posibilidad de experimentarlo, sentirlo, saber de qué se trataba y acercarse a él.

Y así, como si nada, atacamos una serie como "Al Fondo hay Sitio" y celebramos con miles de likes que Efraín Aguilar anuncie el fin inminente de la serie, adjudicándole una recatafila de adjetivos descalificativos, mientras que la observamos cómoda y entretenidamente desde nuestros televisores y conocemos "en secreto" que la mayoría de actores en el Perú han rogado por aparecer en esta serie tan reconocida aunque sea por cinco minutos.

Disparamos a diestra y siniestra golpes de “lúcida verdad" acomodada al discurso general por temor a desentonar, a caer mal o pensar por nosotros mismos. La presión social, intelectual, "artística" nos condena a la pose.

Y así como en el arte, en la política, por dar un ejemplo más reciente, podríamos ir a las noticias de esta semana: las declaraciones del "gran filósofo Aprista" como lo llama un amigo, Javier Velásquez Quesquén, cuyo "corazón defensor del Aprismo" esta semana se tornó insoportablemente naranja y que ha sacado a la luz, las verdades de las que todo el mundo habla en este partido, mas nadie se atreve a publicar, enfrentar, confrontar, verbalizar en una contienda en búsqueda del verdadero cambio.

Sabemos que el Apra se encuentra en uno de sus peores momentos, con un Congreso supuestamente definido para el mes de noviembre, que buscará elegir a sus nuevos representantes, que, se supone, buscan la renovación del Partido y una purga de imagen que les permita resurgir entre las cenizas y volver a las convicciones de Haya de la Torre, sin embargo, esa renovación pretende ser hallada entre los pro Cornejo, cuyo candidato, que fue parte del gobierno de Alan García, que, de novedoso no tiene absolutamente nada y menos propuestas concretas que especifiquen a qué se refiere cuando habla de renovación, y los pro Alan, que intentan acercar nuevamente a su líder a los partidarios para intentar reconciliarse con las críticas sobre su abandono de las bases y exponerlo nuevamente como el único capaz de sostener a un partido que ha perdido todo tipo de credibilidad para un noventa por ciento de peruanos.

He ahí, otra vez, el problema con la verdad verdadera. Muchos no desean ni a uno ni a otro candidato, pero revelarse implica una decepción para los altos mandos y quizá una traba para su futuro político. Hablar argumentando la obviedad en el discurso naranja de Quesquén implica mucho miedo de algunos, a las consecuencias.

El poder, el bendito poder que nos mantiene callados, sumisos, controlados, los intentos de verdad frente al poder son un insulto, un atrevimiento, un corte de cabeza al puro estilo de la “Reina de Corazones”, huachafísimo.

Si retomamos las noticias y sucesos de la semana podríamos también usar el ejemplo de los actos de la líder de Frente Amplio, Veronika Mendoza, y su discurso sobre la igualdad, un discurso de izquierda comprometida con el pueblo, que vamos a adjuntar aquí para que quede más que claro...

Según Frei Betto: «Ser de izquierda es, desde que esa clasificación surgió con la Revolución Francesa, optar por los pobres, indignarse ante la exclusión social, inconformarse con toda forma de injusticia o, como decía Bobbio considerar una aberración la desigualdad social.»

Me imagino que ya adivinaron por dónde viene la hipocresía, ¿ya la tienen? ¡Claro! La señora viajó a Estados Unidos, nada más y nada menos que en primera clase, vaya, no entendemos. Típico discurso izquierda caviar, porque hay de la otra, sentados desde un cómodo sofá con un enorme televisor de 48 pulgadas full HD comiendo queso azul y hablando de "igualdades".

Sí señores, falta de verdad le llaman, un floro para la gente, el que más me conviene y un florazo para mí, el que también más me conviene.

¿Y qué pasó esta semana con Gustavo Faverón Patriu, escritor, bloguero y periodista? Lo han acusado de acosador sexual, circulando por las redes varías fotos de sus “inbox” con una señorita que, dice indignada en las redes que ya era hora de denunciarlo.

Él se ha defendido de las acusaciones alegando un hacker de sus cuentas y más allá de que nosotros podamos creerle o no, es clarísimo que algo huele feo y muy feo, mi percepción es que es un acosador y que merece todo el desprecio más aún porque es alguien que se ha rasgado las vestiduras en pro de la agenda progresista, un inconsecuente más . Sin embargo, miles de personas, la gran mayoría hombres, han levantado el dedo acusador también llamándolo viejo rojo- verde, enemistades que el escritor se ha ganado por sus diversas opiniones políticas y ataques odiadores a sus enemigos, pero más allá de eso, sorprende la cantidad de piedras que se han podido tirar de manos de varios cuyas cuentas y mensajes no están para nada libres de las palabras seductoras, insinuadoras y acosadoras para con sus amigas y mujeres en general.

Como nos encanta gritar: ¡pecado!

¿Cuánta verdad saldría a la luz si por un momento la seguridad de las redes sociales sufriera un colapso?

¿A alguien le suena "yo no veo Esto es Guerra", "Es una gran basura televisiva" ?

¡Claro! Pero no tenemos problemas con ver un sábado por la noche "El Valor de la Verdad" sólo porque el conductor es Beto Ortiz, "un periodista serio”, "no es Matías Brivio pues, no te pases."

O quizá otra a la que ya debemos estar acostumbrados:

"Qué corcha, sólo piensa en hacerse la lipo y en ponerse extensiones." "Todo lo que tiene Millet es falso." Pero con las amigas entre vinos y conversas: "Agg, odio este rollo, me quiero hacer la lipo localizada, y con la grasa que me quiten le voy a decir al cirujano que me rellene un poco el trasero para quedar como Millet".

No pues, las cosas como son, andamos siempre criticando a los demás y en el cara a cara el silencio abunda, la cortesía embrutece y el "yo no sé" triunfa. Dicen que las sociedades no cambian, que es característica del peruano ser impuntual, no decir las cosas en la cara y recurrir a eso que llaman"peruanada".

Claro que está instaurado, sabemos todos que es difícil de modificar una costumbre tan nuestra de la noche a la mañana, pero el ser humano es un ser de costumbres, dicen que se necesitan 21 días seguidos para instaurar una nueva, como hacer dieta o dejar de fumar, es cuestión de hacerse una nueva rutina.

Podríamos comenzar con programar el despertador mucho más temprano para dejar de llegar tarde a todos lados, decirle SÍ o NO a los demás en vez de "no sé", "quizá", "tal vez". Tratemos con ser más consecuentes con nuestros ideales y pensamientos. Solo así, la verdad se hará, tarde o temprano, nuestra más auténtica y mejor amiga y el país se pondrá de mejor humor para fuera porque comenzará a limpiarse por dentro.

No hay mejor limpieza del espíritu que decir la verdad señores.


Escrito por

Masha Chávarri

Actriz, Coach y Facilitador


Publicado en

Mashazeta

De la vida y de otras cosas..